lunes, 18 de marzo de 2013


Félix Puescas Montero 
y su lámpara maravillosa 
en las noches de Lima


Escribe Juan Carlos Lázaro - Lima, marzo de 2013

La poesía peruana está poblada de deslumbrantes avis raras. Por mucho tiempo, las más fascinantes fueron las de Carlos Oquendo de Amat y Martín Adán. El primero fue un verdadero fantasma, una figura invisible, casi difusa aún en las pocas fotografías que consiguieron registrarlo; el otro, una sombra solitaria y desgarrada, siempre huidiza, cuyo rastro se esfumaba en los hoteles más miserables de Lima. Otros dos: Luis Valle Goicochea, frágil y agónico, andaba ávido de misticismo del convento a la cantina entre personajes marginales y anónimos. Y César Moro, pese a su exagerada vida de surrealista y homosexual, prefirió el exilio en su castillo de grisú desde donde apostrofaba a “Lima la horrible”. Había acaso en ellos cierta inclinación inconsciente a  pasar inadvertidos, un rechazo al “personaje”, un no querer ser más que la palabra o el eco del poema que escribían y firmaban. Pero en ellos se ha dado también el caso, o el absurdo, mejor dicho, de un  reconocimiento que siempre se mostró esquivo o tardío a su obra pese a sus altos méritos.

 “Andarín de la noche”, la frase con la que Stefan Baciu definió a José María Eguren, bien podría dedicarse con absoluta propiedad a Félix Puescas Montero, poeta peruano sin clasificación ni generación, imprevisto Aladino que deambuló con su lámpara maravillosa por la nocturnidad limeña durante tres décadas aproximadamente, indiferente al mundanal ruido, pero escuchando lleno de pasión a Debussy (por las ondas de una radioemisora de “música selecta”) y recitando a cada paso versos de Carlos Sabat Ercasty con el deleite de quien saborea un buen vino.

Félix había nacido en Piura, con más precisión en un fantasmagórico poblado de sol infernal y colinas de arena denominado Bernal, acaso semejante a la Comala de Pedro Páramo, en un año del cual él mismo prefería no acordarse. Podríamos calcular, sin embargo, que fue a fines de los años 20 del siglo pasado, porque cuando niño –según recordaría muchos lustros después ante este cronista– había marchado con su familia y con ese pueblo en respaldo de la candidatura de “el doctor Luciano Castillo”, un respetable político socialista que había bregado al lado de José Carlos Mariátegui y que fue elegido representante por Piura para el Congreso Constituyente de 1933. El personaje más importante de su vida en esa época fue su madre, triste y dulce ("trilce") como la madre de Vallejo.

A mediados de los añosa 50 Félix emigró a Lima. La música de Debussy, así como la filosofía y la poesía de Nietzsche fascinan al adolescente que empezaba a nutrirse de metafísica y cosmogonía. Tiene 15 años cuando escribe su “Canto Panteísta”: “De noche, cuando sufro nostalgias siderales, / me bebo el luminoso vino de las estrellas / y ebrio de una inefable y ultraterrena dicha / monto el alado potro en que la luz cabalga…”.

Lima lo fascinaría por siempre, pero no la matinal de la inmundicia política, social y legal, sino la nocturna, la de los siete pecados capitales, la de las primeras boites en torno a la plaza San Martín; aquella que bailaba mambo y se entregaba con frenesí a la celebración de los carnavales; que vibró con la súbita celebridad de una muchacha de 18 años llamada Gladys Zender que se convirtió en Miss Universo, y que hacía de un prontuariado pero apuesto delincuente apodado “Tatán” el ídolo de las veinteañeras; aquella que mandaba al paredón al llamado “Monstruo de Armendáriz” (sin evidencias ni pruebas de su supuesta culpabilidad), y desde donde gobernaba el país con mano de hierro el “General de la alegría”.

Estos personajes y acontecimientos serían, tiempo después, parte de su vasto reportorio de incansable y entretenido conversador, donde a cada suceso le añadía la novedosa pincelada de “aquello que los otros no vieron”. Tan abundante era este repertorio, donde a veces él mismo aparecía como parte de los actores, que muchos empezaron a sospechar que el poeta adolecía de “mitomanía”. Una de esas anécdotas se refería a una mujer solo comparable a la Nadja de Breton, deslumbrante por su belleza, su magia y su libertad sin límites. Se llamaba Alma Cristina Perry y, aunque nacida en Argentina, era una ciudadana del mundo. En Lima la cortejaron muchos hombres (y también algunas mujeres), pero su amante predilecto e incondicional fue siempre Félix. Y, tal como apareció en su vida, imprevistamente, un día partió como una maga que se esfuma en el aire de la madrugada. Quienes la conocieron volverían a verla en las imágenes de Roma, de Fellini. “Ella es”, decía un fascinado Félix a sus jóvenes amigos que veinte años después conformaban su nuevo y selecto auditorio y con quienes compartía libros, paseos, bohemia y cerveza. Sus jóvenes amigos sonreíamos llenos de incredulidad ante la pantalla del cinema, concediéndole a Félix el derecho a soñar despierto. Hasta que un día, para sorpresa de todos nosotros, reapareció en Lima Alma Cristina Perry, aún deslumbrante y majestuosa, y nuevamente paseó por la ciudad –intimidándonos– del brazo de su sonriente e irónico amante. Al lado de Alma Cristina, otros personajes decisivos en la vida de Félix en ese periodo serían el escritor de literatura fantástica Felipe Buendía, el pintor Oscar Allaín, y el concertista de guitarra Lucho Justo.

La poesía de Félix Puescas Montero es un diálogo con Dios, el Tiempo y el Cosmos. Los enigmas sobre el origen y los desconocidos territorios del Universo son el manantial de muchas de sus imágenes. Y ningún espacio es más propicio para hacer poesía con esas incertidumbres que la noche. A estas inquietudes poéticas el mismo Félix llamaba “nostalgias siderales”. Estilísticamente en su verso se dejan notar las influencias de Sabat Ercasty y de Nietzsche, aunque en algunos momentos se emparenta con los de Residencia en la tierra de Neruda, que dicho sea de paso era uno de sus libros predilectos. Pero ninguna influencia es más honda que la de la música. Como bien ha anotado Lucho Justo, tender un puente del hombre hacia la música, como supremo fin de la existencia, constituyó el gran afán de su vida.

En 1989, cuando la salud del poeta se hallaba muy resquebrajada, un grupo de amigos suyos, decididos a arrancarlo del injusto anonimato, se empeñó en la publicación de un puñado de sus poemas con el título de La lámpara única. La publicación quería ser también una sorpresa para el poeta, con la cual los amigos iniciarían la reivindicación de su poesía. Sin embargo, unas semanas antes de que el libro saliera de la imprenta, Félix murió. Su nombre no aparece hasta ahora en ningún registro de la poesía peruana. (JCL)


Jirón de la Unión ‘58

La noche ahondando el infinito.
El universo clavado en el vacío
como el ojo de Dios.
La Tierra: oscuro pez
atrapado en la red de luz
de una galaxia.
América: fecunda hasta la fatalidad
flotando sobre dos océanos,
y yo, que todavía me llamo Félix,
caminando de madrugada
por el jirón de la Unión,
a la hora en que éste
se me antoja un puente abandonado
sobre la eternidad.

(Texto tomado de Librosperuanos.com)

sábado, 16 de junio de 2012



                            Padre con paisaje al fondo

                                          Lo veo desde este lado de la página
                                          conversando con el viento acerca
                                          del paso de los años. Tiene las manos
                                          del tiempo, el rostro del sol,
                                          la actitud de la enredadera ascendiendo
                                          hacia no se sabe dónde.
                                          Juntos somos dos soledades, o acaso
                                          yo solo soy la suya que continúa
                                          como un patio interior al caer la tarde.
                                          Lo veo desde este lado de la página.
                                          Está viejo y triste. Está solo.
                                          Pero su corazón guarda la memoria
                                          de una mujer como su más íntimo
                                          secreto de poeta.




(Poema de Juan Carlos Lázaro. Tomado de Gris amanece la urbe del hambre (Lima, 1987).

sábado, 9 de junio de 2012


                  Elegía a una puerta



                               Por esta puerta imaginaria

                               he salido a los campos celestes

                               a las noches en llamas

                               a los ríos dorados que bajan del alba

                               y penetran mi cuarto lejano

                                poblado de bemoles

                                agujas y mapas



                                Reconozco sin embargo

                                que no hay nada tan inútil

                                 como una puerta imaginaria de

                                 goznes oscuros

                                 desde la cual atisbo cada tarde

                                 el lento girar de los astros

                                 la figura difusa de un

                                 hermano desconocido

                                 la sombra azul de un

                                 tigre ensangrentado



                                 No obstante esta es mi puerta

                                 la puerta imaginaria de

                                 goznes oscuros de mi cuarto lejano

                                 por la que entro y salgo al mundo cada día

                                 inútil y sutil en cada paso.


De "Entre la sombra y el fuego" (2008) poemas de Juan Carlos Lázaro (Lima, Perú).

viernes, 25 de mayo de 2012


Objetos y zozobras

                                       (Un poema de Juan Carlos Lázaro)




                             Una lámpara y cuatro libros

                             para la inmóvil travesía,

                             el sombrero negro

                             para las fiestas de guardar,

                              los anteojos oscuros

                              para la tristeza,

                              el pantalón a rayas

                              para la felicidad,

                              la maleta de viaje

                              para la muerte en tranvía,

                              las historias de Poe

                              para el insomnio y la piedad,

                              el reloj de blanca esfera

                              para la ansiedad y la prisa,

                              los mapas en pergamino

                              para el arte de soñar,

                              los baúles sin fondo

                              para las sombras sin alambres,

                              el manual de estilo

                              para tanta soledad,

                              las cartas amarillas

                              para la zozobra,

                              los cuchillos tenaces

                              para la marcha triunfal,

                              las reglas del sastre

                              para memoria de su sastrería,

                              la puerta de doble llave

                              para la amante fatal.

jueves, 26 de abril de 2012


Entre la sombra y el fuego


Entre la sombra y el fuego
yo venero la casa cóncava de tus genitales,
los campos dorados bajo tus pies,
las leves orillas de tu delirio.

Yo venero la arboleda
 que crece oblicua en tus axilas
y la geografía de tu cuerpo
que prefigura la de tu país
según los mapas antiguos de los viajeros.

Nada hay más tenue que tu luz de libélula
arrancada del fondo de los planetas
y que ese incesante flujo de raíces
que se pierde lento entre las aguas.

Yo venero la noche
que crece y se agota en tu vientre,
la luna de estaño que cuelga sobre tu ventana
y a todos los astros que giran unísonos
alrededor de tu sueño.

Juan Carlos Lázaro
(Desde Lima, Perú)

jueves, 8 de diciembre de 2011

Se trata de un poeta e investigador literario prácticamente desconocido en el Perú, pero su libro Rayuelo fue elogiado por Gabriela Mistral antes que la poeta chilena fuera galordonada con el Nobel de Literartura.


Abraham Arias Larreta
o la añoranza de la tierra natal




Por Juan Carlos Lázaro

El nombre de Abraham Arias Larreta, pese a sus facetas de poeta, investigador literario y compositor, es prácticamente desconocido en el Perú. Ello tal vez se explique por sus largos años de exilio y por haber desarrollado gran parte de su trabajo docente en el extranjero, donde también murió. Sin embargo, sus obras de investigación, especialmente las dedicadas a las “literaturas americanas aborígenes” –en las que se convirtió en una autoridad- aún despiertan el interés de estudiosos de los Estados Unidos y de Argentina, donde han sido reeditadas varias veces.

De la vida, las costumbres y el paisaje pueblerino de Santiago de Chuco, una provincia de la sierra norte del Perú donde había nacido el 21 de mayo de 1908, Arias Larreta haría precisamente el motivo principal de su poética, tanto en la narrativa, como en el verso y la música1. Huelga decir que en Santiago de Chuco también había nacido en 1892 César Vallejo, considerado el mayor poeta del Perú, cuya nostalgia por el terruño, la infancia y el hogar es una constante en su obra.

Arias Larreta se graduó de profesor en el Instituto Pedagógico Nacional de Lima y ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Trujillo en la que dictó la cátedra de Literatura Peruana. A esta etapa corresponden sus primeros títulos: Las voces que recogió mi meridiano o Cuentos cholos (1932). De este último libro se dice que sería uno de los primeros en introducir la palabra “cholo” en la narrativa peruana con una connotación afectuosa y de identidad étnica, diametralmente opuesta a su connotación despectiva como entonces se le usaba. A este momento también pertenecen sus Estampas santiaguinas (1937), así como los poemarios La baraja de cholo, El hondero de la laja encendida y Rayuelo (1939).

Rayuelo está considerado su más importante aporte a la poesía peruana. Es un poemario que recrea en sus versos la inocente y tierna emoción de la infancia con el trasfondo paisajístico de su terruño natal. Esta característica lo emparentará con otro poeta de similar registro lírico, Luis Valle Goicochea, nacido en 1910 y, por extraña coincidencia, en una provincia –Pataz- vecina al pueblo de Arias Larreta. Rayuelo sería elogiado por Gabriela Mistral en 1944, es decir un año antes que la poeta chilena fuera galardonada con el Nobel de Literatura.

Militante del Partido Aprista Peruano (PAP) en una de las etapas más difíciles de este movimiento político -que surgió con una prédica antimperialista-, Arias Larreta integró el grupo de “Los poetas del pueblo”, auspiciado por aquel partido en los años posteriores a 1945. Al grupo de “Los poetas del pueblo” también pertenecieron, entre otros, Alberto Hidalgo, Nicanor de la Fuente, Mario Florián, Julio Garrido Malaver, Gustavo Valcárcel, Manuel Scorza y Juan Gonzalo Rose. La persecución contra sus ideas políticas lo llevará al destierro en esa época. Luego entrará en divergencia con la dirección de su partido, lo mismo que Ciro Alegría, el notable autor de El mundo es ancho y ajeno, hasta renunciar ambos a sus filas.

Después de una temporada en Puerto Rico, en cuya universidad también ejerció la docencia, parte a los Estados Unidos y se incorpora a la plana docente de la Universidad de Missouri (Kansas) donde se desempeñará como profesor del departamento de Literatura y Lenguas Extranjeras.

En la cátedra norteamericana, Arias Larreta se entregará con gran disciplina a la investigación sobre las “literaturas americanas aborígenes” y a la literatura colonial hispanoamericana, hasta convertirse, como ya se dijo, en una autoridad de la primera materia. Llegó a realizar estudios que aún ahora, en pleno siglo XXI, se consultan y se demandan, principalmente en Estados Unidos y Argentina, entre cuyos títulos podemos citar Literaturas Aborígenes de América (que comprende estudios sobre las literaturas orales de aztecas, incas y maya-quiches, con ediciones de 1951, 1962 y 1968), Pre Columbian Literatures (1964), Historia de la literatura indoamericana (1964), From Columbus to Bolívar (1965), Literatura Colonial (1970), etc.

Este polifacético autor peruano, desarraigado físicamente de su país durante más de 40 años, pero en todo momento con el alma entrañablemente unida a él, y específicamente al terruño que lo vio nacer, murió en los Estados Unidos el 24 de octubre de 1980.



1Ya en 1947 había publicado el ensayo Folklor nor peruano y, posteriormente, recopiló sus composiciones en dos long play: Marineras y serranitas y Nuevos valses peruanos.

sábado, 12 de noviembre de 2011


“Mussolini es un macho de la especie y autor de la consegna de este año”, escribía Pound en Make it New, una colección de su mejor prosa literaria de 1934. Los diarios fascistas, como el reconvertido “Gazzetta del Popolo”, lo llamaban “el poeta economista”. En su último domicilio en Venecia, donde murió, sito en la calle Querini 252, figura una plaqueta en mármol blanco en la que reza: “Titano della Poesia”.

Ezra Pound: Vanguardia y fascismo
(entre Confucio y Mussolini)






¿Por qué leer a Pound? Fascista recalcitrante, antisemita rubicundo, traidor a su patria además de desequilibrado mental (psicótico). Como Heidegger, como Céline, como Paul de Man, como Blanchot, como Cioran, como Elíade como Pessoa, como Michels y como tantos otros el problema en cualquier esbozo biográfico de estos intelectuales son los años que transcurren entre el fin de la Primera Guerra Mundial (1918) y la derrota del Tercer Reich (1945). Todos abrazaron con fascinación el naciente fascismo. Pero Pound no sólo merece estar en la galería de los sospechosos de siempre de la historia intelectual: revolucionó la literatura directa e indirectamente. Además de ser el más grande de los poetas del siglo XX fue editor, corrector y artífice de la publicación de No Man’s Land de T. S. Eliot, el primer poema realmente modernista que formateó todo lo que venía del pasado, haciéndolo caduco y ridículo. Sin embargo, mientras que Eliot pasó a convertirse en el principal crítico y poeta de su tiempo, a pesar de su carga teológica, la posición de Pound ha sido empañada por su apoyo incondicional a Mussolini y Hitler, sus programas radiofónicos de agit-prop fascista en Roma durante la Segunda Guerra Mundial y por su antisemitismo visceral. Como en los debates sobre autores hechizados por el fascismo, en el caso de Pound tenemos también interpretaciones opuestas, una herradura hermenéutica que oscila entre separar artificial y absolutamente la obra del hombre (el clásico es Julia Kristeva) o directamente hacer preceder a la poesía de su adhesión política al fascismo (Massimo Bacigalupo). La conclusión es un silogismo ridículo: Pound no fue fascista (cuando efectivamente lo fue); Pound no fue realmente un poeta (cuando lo fue y cómo). O, profundizando un poco, Pound fue fascista sui generis pero su poesía no. Habría un Pound bueno, el enhebrador de stanzas y rimas libres, un essential Pound y un Pound malo, demente, irracional, loco de atar, un pobre desequilibrado que creía ser fascista aunque no era fascista en el fondo. Por supuesto, la mayoría de los estudiosos, en ambas márgenes de la interpretación, no tienen idea de qué era el fascismo en su versión italiana. Al no comprender la originalidad, no entienden, proyectan su propia ignorancia en Pound. Para muchos sigue siendo impensable que el fascismo haya atraído verdaderamente a ilustrados de la magnitud de Pound. Como señalaba Connor Cruise O’Brien sobre Yeats, ¿cómo se puede conciliar la poesía que más amas con la idea política que más odias? Éste es el dilema Pound. Hay una tercera variante de hagiografía clínica, que intenta exculpar a Pound por su supuesta demencia durante la Segunda Guerra Mundial. Incluso lo sostienen autores progresistas o de izquierdas. Esta vía de exoneración está clausurada hace tiempo. Tenemos las declaraciones del Dr. Jerome Kavka, que examinó a Pound en el psiquiátrico de St. Elizabeth’s, quién ha repetido que no sufría de psicosis y que la internación se debió a los temores de Pound a ser ahorcado por traidor durante la èpuration. La puesta en escena célinnianne de Pound fue idea de su círculo de amigos para evitar un juicio catastrófico. La discusión sobre la deriva fascista en torno a Pound se reaviva en Inglaterra por la edición de unas cartas inéditas a intelectuales chinos, algunas de la cuales hablan no sólo de su trabajo como escritor, poeta, guionista y editor, sino además de su afinidades políticas y de su decisión de apoyar el fascismo (Pound no diferenciaba entre fascismo y nacionalsocialismo). Las 162 cartas, escritas en un raro acento fonético, fueron rastreadas y localizadas a lo largo de 15 años por el profesor Zhaoming Qian, de la Universidad de Nueva Orleáns. Abarcan un período de cuarenta años y nos dejan ver su adhesión a formas políticas del confucianismo, comentarios sobre cómo se recibía en Occidente su opera magna The Cantos (“Cantares” en español) y opiniones sobre poetas y escritores de la época, incluido por supuesto su alter ego T. S. Eliot. Uno de los biógrafos más profundos de Pound, David Moody, señala que estas cartas nos permiten explicar el distanciamiento entre los dos grandes poetas, separación marcada por criterios políticos. Eliot, a través de su revista “The Criterion”, aplicaba su mandarinesca Kulturkritik contra el capitalismo y su bárbaro modernismo. El escalpelo eliotenne se afilaba con piedra de amolar católica y sus parámetros pueden calificarse de “reaccionarios”. Nunca llega a desembocar en la decisión por el fascismo. Eliot era un Edmund Burke revivido y redimido. Clamaba por una nueva tercera vía, ni bolchevique ni capitalista, pero su modelo era un renacimiento del corporativismo con espíritu latino. Era esto, y no ninguna lucha dialéctica por la estética, lo que enfurecía a Pound. En sus cartas llama a Eliot “Elephant”, “Buzzard”, que tiene “Head full of Mouldy Old Christianity”. La correspondencia además nos explica la tensión ideológica y el intento de sincretismo entre la teoría fascista y Confucio. Por supuesto, una síntesis para nada absurda o producto de una locura en ciernes, que en realidad nunca existió. Y de cómo se producía la retroalimentación con su proyecto subversivo de escritura poética.

Un “poeta economista” en la Italia fascista

“Mussolini es un macho de la especie y autor de la consegna de este año” escribía Pound en Make it New, una colección de su mejor prosa literaria de 1934. Los diarios fascistas, como el reconvertido “Gazzetta del Popolo”, lo llamaban “el poeta economista”. En su último domicilio en Venecia, donde murió, sito en la calle Querini 252, figura una plaqueta en mármol blanco en la que reza “Titano della Poesia”. Nunca tan bien dicho. Es uno de los poetas más revulsivos y decisivos del siglo XX. Y lo sabía. Su fiel Penélope fue Gustav Flaubert, como le gustaba repetir. Hay una imagen curiosa donde se lo ve, una foto en blanco y negro, como un símbolo futurista encarnado: hiperactivo, atlético, vigoroso. Juega al tenis en su residencia en Rapallo, Italia. El país está gobernado por el Il Duce Benito Mussolini, el líder que tenía “sentido del tiempo”. Sabe que el “juego con el arte” ha cambiado. Pero Pound, pese al New Criticism que ve artistas inmaculados dedicados en alma y vida a la causa literaria en impolutas torremarfilescas, no era un poeta en sentido estricto y débil. No era simplemente un jugador de estilo más. No era un Mallarmé. No lo permitía su propia gigantez. La escritura para Pound debía ajustar cuentas con el terremoto de la guerra, con la matanza colectiva y con la crisis de las democracias liberales. El estilo debe hacer un control de daños para remover de la bancarrota a la Kultur occidental. La poesía, “esa vieja puta desdentada” es parte de la decadencia sin fin. Al liberalismo lo llama sin pudor “a running sore”. Su poesía es una toma de postura política, es la “impresión en yeso” que la edad del modernismo reaccionario exigía. Pound, artífice del Imagismo primero, del Vorticismo después, experimentador rabioso, critico furibundo del Futurismo. El diagnóstico del vaciamiento del sujeto de la cultura humanista y la disolución del lenguaje también son hiperpolíticas. Igual de políticas son las de sus compañeros de viaje Yeats y Eliot. Y no podría ser de otra manera. Se trata de atravesar transversalmente todos (y “todos” no es retórica) los modelos de formalización del lenguaje literario antes que la cultura occidental se diera una forma económica basada en el plusvalor (con el paso del valor de uso al valor de cambio). Si Pound bucea incansablemente en el vers libre de los poeta mélicos, en los clasicistas isabelinos o en los trovadores franceses, en los haikus de la poesía provenzal o los juglares bretones, es que busca un lenguaje, en forma y ritmo, que supere la irreversible reificación capitalista y la lenta fragmentación-alienación del material por medio del cual la literatura (y la poesía) trabaja. El retorno a los orígenes “que fortifica, porque implica un retorno a la naturaleza y a la razón”, no es romanticismo banal (¡para eso está Filippo Tommaso Marinetti!), sino el intento de buscar el inicio auténtico fuera de las mediaciones del capital. El hombre de la nueva era “no quiere hacer lo que debe donde no debe”. Tradición no significa ataduras que nos liguen al pasado: es algo bello que conservamos y que se mantiene inmune al circuito dinero-mercancía-dinero. El fetichismo del dinero es el que ha hecho mercancía al propio lenguaje. Para entender a Pound y su revolución poética debe comprendérselo como un pensador en toda la extensión del término. Pound es como la Quimera homérica: poeta por delante, economista por detrás y en el medio el político. Pound, como Heidegger, como Blanchot, como Céline, como tantos, abrazó la solución fascista no como residuo de una fantástica psicosis, no como un error por inexperiencia política sino como resultado coherente de sus propias reflexiones sobre la economía y la política de su tiempo. En el siglo XX la rebelión ideológica anti liberal precedió a la política, la voluntad de purificar el mundo burgués de las hipotecas del siglo XVIII, así como el rechazo al “malestar” liberal y burgués se unen en un mismo impulso en las más importantes vanguardias literarias y artísticas de Europa.

Modernismo y proto fascismo

“La revolución fascista fue hecha PARA la preservación de determinadas libertades y PARA el mantenimiento de un cierto nivel de cultura, de ciertos estándares vida, pero NO fue hecha para hacer descender un nivel de riquezas o de pobreza, sino que es una denegación a entregar ciertas prerrogativas inmateriales, una denegación de entregar una gran porción de nuestro patrimonio cultural… Es posible que todas las demás revoluciones se han producido sólo después, es decir, muy considerablemente DESPUÉS de un cambio en las condiciones materiales, pero la ‘revolución continua’ de Mussolini es la primera revolución que ocurre simultáneamente con el cambio de las bases materiales de la vida.” (“Jefferson and/or Mussolini”, escrito en 1933, publicado en 1935) Así resumía Pound la positividad del fascismo como fenómeno epocal y, en sus propias palabras en el prefacio de la edición norteamericana del phamplet, nos explicaría a sus lectores “la idea statale del fascismo tal como yo la he visto”. Estas ideas no se las contagió al ver la rivoluzione continua en vivo en Italia: siempre confesó que su Turn hacia la nueva derecha había ocurrido en Inglaterra. Pound fue un intelectual comprometido con su tiempo. Como tantos intelectuales del ‘900 y como su futuro héroe, Mussolini, Pound también comenzó su deriva fascista desde el socialismo. Su lugar fue el diario “New Age”, en el que escribió sin interrupciones diez años: de 1911 a 1921. El diario pertenecía a las Fabian Arts Society y portaba como motto “An Independent Socialist Review of Politics, Literatura and Art”. Antes de la Gran Guerra era considerado el mejor diario de la izquierda británica. Allí escribieron Shaw, Chesterton, Belloc y muchas futuras figuras intelectuales del Labour Party. El diario intentaba realizar una rara síntesis, que ya veremos en otros tipos de fascismos, entre el socialismo evolucionista y el sindicalismo. La formación económica de Pound se realizó íntegramente gracias a este diario a través de la difusión de economistas heterodoxos, algunos importantes aún hoy en día como Jean Silvio Gesell y otros que han pasado al justo olvido, como C. H. Douglas. Ya en pleno fascismo italiano Pound dio conferencias sobre economía planificada y la base histórica de la economía en la Universidad de Milán a lo largo de 1933. Al inicio del ‘900 en sucesivos artículos Pound defiende las reformas socialistas llamadas “Social Credit”, en clave proudhonnistes, y su economista de cabecera es siempre Gesell. Como muchos pre fascistas, Pound cree que modificando la esfera de la circulación y la distribución podría nacer una nueva sociedad sin tocar las estructuras sociales y políticas, sin tocar el derecho de propiedad básico. El fascismo es el único, entre el comunismo y el capitalismo liberal, capaz de llevar a buen término la justicia económica. Paralelamente a su actividad como socialista de la tercera vía (ni bolchevique, ni liberal) Pound inicia otro tipo de actividades político-literarias. En diciembre de 1913, Ezra Pound le escribe al poeta William Carlos Williams una carta donde llama a la escena artística literaria de Londres ''The Vortex”, el vértice. Será un término que hará historia. La aparición en Londres de la revista “Blast” en junio de 1914 anuncia públicamente el nacimiento del “Vorticism”, un movimiento vanguardista emparentado con el futurismo pero que rompía con él en lo esencial. Hasta el “New York Times” de la época destacó la ruptura que se avecinaba. Según la definió Pound en carta a sus padres “es la más inteligente revista de Londres. Ustedes la detestarían”. Lewis había tomado la idea de “Blast” de los cubistas. Marinetti estuvo en Londres en 1913 y se encontraron. La revista no sólo destacaba en contenidos sino revolucionaba la forma hasta en los colores (¡rosa chillón en plena época victoriana!) y la tipografía. Su objetivo era “devastar”: devastar la cultura francesa, el humor inglés, la iglesia anglicana, la cultura popular, la prensa tradicional, las autocreídas vanguardias, la burguesía segura y establecida. En la revista escribirán, entre otros, Ford Madox Ford y T. S. Eliot. Más tarde Pound empleará el término “Vortex” para definir la especificidad única del arte de su amigo Wyndham Lewis. Lewis es “un verdadero maestro”, fue él el que redacto el “Vorticist Manifesto”, y para Pound debería estar al lado de Gaudier, Picasso o Joyce en cuanto a su papel revolucionario en el arte y la literatura. A Ernest Hemingway, que lo conoció, le disgustaba, y dijo que tenía los ojos “de un violador fracasado”. Pound se arrepentirá toda su vida de no haber escrito un libro sobre él. De la novela de Lewis Tarr (1918, reescrita en 1928), Pound dirá que es “la novela inglesa más vigorosa y vehemente de su tiempo y su autor el fenómeno más excepcional de la época”. El único escritor contemporáneo que puede comparársele es Joyce. El escritor y pintor Wyndham Lewis escribirá un libro en 1931 elogiando a Hitler, editado por Chatto&Windus, aunque nunca llegará al extremo del intelectual fascista comprometido como Marinetti, Drieu, Brasillach o Paul de Man. Lewis considera al nacionalsocialismo (todavía en la oposición) como una respuesta al comunismo, en la que el concepto de raza es un antídoto saludable contra la idea de Klassenkampf, de clase social. El programa hitleriano es un excelente plan para salvar a Europa frente al peligro del bolchevismo asiático. En síntesis: el fascismo, dirá Lewis sin arrepentirse nunca (de manera similar a cómo Heidegger seguía justificando al nacionalsocialismo hasta su muerte) es la expresión revolucionaria más adecuada y más acabada de la oposición al status quo burgués. El modernismo revolucionario qua reaccionario. Curioso o no, Lewis fue ampliamente difundido en Argentina a través de la revista “Sur” de Victoria Ocampo. Pero la figura de Lewis personifica perfectamente el intelectual modernista reaccionario atraído por la vitalidad, la energía de lo irracional, la fuerza del instinto, todos fenómenos de esta rebelión contrailuminista, antimaterialista, antiburguesa y antimarxista que representará en un primer momento el fascismo italiano, luego el nacionalsocialismo y los diversos fascismos menores de Europa. El vorticismo contribuirá a ilustrar la naturaleza de las afinidades entre revuelta cultural, modernismo reaccionario y el ascenso irresistible del fascismo. Las raíces del modernismo se encuentran entrelazadas con las afinidades electivas de la derecha revolucionaria, el pasado perfecto del futuro fascismo.

Derecha revolucionaria y filosofía

El grupo vorticista tenía un ideólogo más profundo, un filósofo en toda línea, una especie de Heidegger o Drieu de la Rochelle inglés. Su nombre era Thomas Ernest Hulme. Su ascendencia sobre Pound, Yeats o T. S. Eliot es incuestionable. Ya el perspicaz Borges lo había notado cuando escribió que Pound “fue discípulo del filósofo Hulme, con el cual inauguró el Imagismo, destinado a purificar la poesía de todo lo sentimental y retórico” (¿habrá influenciado a su vez el reaccionario Hulme a Borges?). Tanta era la admiración de Pound por Hulmes que en su cuarto libro, Ripostes (1912), incluye un curioso epílogo, compuesto por los pomposamente calificados Complete Poetical Works of T.E. Hulme. Se trata de cinco poemas, breves, en el estilo de los haikus. Hulme era una personalidad excepcional y el verdadero teórico del clasicismo revolucionario del que beberán tanto el fascismo como el nazismo. El joven filósofo y crítico de arte reaccionario reunía en el café “Tour Eiffel” del Soho, los jueves por la tarde, a un grupo de escritores que constituían una secesión del tradicional Poet's Club londinense creado por un banquero. El jueves 22 de abril de 1909, Pound llegó por primera vez a ese cenáculo, invitado por su maestro Hulme. Un miembro del grupo, F.S. Flint, quién junto con Hulme y Pound crearán el “Imagism”, recuerda esa primera y memorable ocasión: "(Pound) debe haber olvidado, o nunca se enteró, de la excitación con la que los clientes de las demás mesas le oyeron declamar su Sestina: Altaforte... qué fuerte vibraba la mesa en resonancia con su voz”. Los imagistas editarán una antología que hará época llamada “Des Imagistes” (edición española Trieste, Madrid, 1985) será publicada en 1914 en EE.UU. y el Reino Unido. La integraban: Richard Aldington, F.S. Flint, Skipwith Cannell, Amy Lowell, William Carlos Williams, D.H. Lawrence, James Joyce, Ford Madox Hueffer (todavía no era Ford Madox Ford), Allen Upward, John Cournos y Ezra Pound. Hay allí al menos tres de los mayores escritores en lengua inglesa del siglo (Lawrence, Joyce y Williams) reunidos por mérito exclusivo del cuarto de ellos. El libro fue recibido con desprecio e indiferencia. Pero sigamos con Hulme. El filósofo tomó la iniciativa de traducir al inglés las Réflexions sur la violence de Georges Sorel, el teórico sindicalista que revisaba en clave antimaterialista a Marx. Mussolini declaraba que “mis modestas ideas han encontrado confirmación autorizada en la obra de Georges Sorel”. El fascismo consideraba la obra soreliana como una fuente de inspiración y un antídoto saludable contra las perversiones marxistas. Hulme también tradujo al inglés a Henri Bergson y su vitalismo antikantiano, otra de las fuentes filosóficas del futuro fascismo. Hulme se presentó como voluntario entusiasta y murió en la Gran Guerra en septiembre de 1917, en Flandes a la edad de 34 años. En su época, según relatan diversos testimonios, se había transformado en una de las inteligencias más influyentes y uno de los principales protagonistas de la escena intelectual. T. S. Eliot dijo que era “el gran precursor de un estado de ánimo nuevo, el estado de ánimo del siglo XX” y lo definía como “un clásico, un reaccionario y un revolucionario en las antípodas del espíritu ecléctico, tolerante y democrático del siglo pasado”. La médula del pensamiento de Hulme, todavía no maduro por su edad, es un violento ataque al humanismo, a la perfectibilidad humana, a la empatía artificial y a la idea de progreso. Su objeto de demolición es la idea según la cual la existencia es o debe ser la fuente de la que emanan todos los valores. Hulme arremete contra todo el espíritu y el arte del Renacimiento (Donatello, Miguel Angel, Marlowe) y contra la ética y la política derivada de él: Descartes, Hobbes, Spinoza, Rousseau. Su textos declaran la guerra al romanticismo, pero al romanticismo a la 1789 (el de la Gran Revolución Francesa) y a la concepción rousseauniana del individuo (el hombre es bueno por naturaleza). Hulme adopta el punto de vista del gran reaccionario Burke, las posiciones y definiciones de Charles Maurras (lo dice específicamente), de Laserre y de los proto fascistas de la Acción Francesa. Los románticos creen en la infinidad del hombre, nosotros, dirá Hulme, en sus límites. Es necesaria, sobre la lenta Untergang de Occidente, una estricta disciplina religiosa (o un sustituto a este lazo) que implica, en las formas institucionales, disciplina política (ya no basada en ese invento llamado “contrato social”) y obediencia al estado. Este es el fundamento de la llamada “Anti-Democratic Intelligentszia”: rechazar de plano la tradición iluminista-humanista; criticar con violencia extrema y subversiva la democracia liberal. La tarea del siglo XX, señalaba Hulme, era disociar a la clase obrera de la democracia. En este marco es que hay que entender el trabajo poético y el alcance de la creación literaria de Pound. Hulme, admirador de Sorel, ofreció un retrato del teórico de la violencia y del sindicalismo revolucionario que podría aplicarse a su discípulo Pound: “Un revolucionario que es un antidemócrata, un absolutista en cuestiones de ética, que rechaza todo tipo de racionalismo y de relativismo, que concede la mayor importancia al elemento místico en religión, elemento que está convencido que nunca desaparecerá, que habla con menosprecio del modernismo y del progreso y utiliza un concepto como el honor sin el más mínimo toque de irrealidad”.

Confucio & Mussolini

Pound empezó a leer a Confucio de traducciones del francés en 1914-1915. Hizo varias pequeñas traducciones y en 1928 apareció su primera gran versión inglesa de uno de los clásicos “El Gran Compendio”. Ya en sus The Cantos se encontraban numerosas citas de “Las Analectas”. En sus cartas recientemente descubiertas se ve la tensión de Pound en su busca de una ética comunitaria que pudiera complementarse con el fascismo sobre el terreno. ¿Cómo intentó realizar Pound una síntesis hegeliana entre confucianismo y fascismo italiano? Confucio “que tenía a su espalda dos mil años de historia documentada, que él condensó de manera que fuera de utilidad a los hombres que ocupan cargos oficiales”, permitía una Sittlichkeit, una moralidad estatal basada en salidas pragmáticas, evitando la politiquería y las discusiones abstractas de la burocracia. Confucio además sostenía una antropología pesimista sobre el hombre y un regreso a una época dorada imperial, en la cual los hombres de letras y eruditos gozarían de una posición de clase ventajosa. Los funcionarios superiores del Stato Totale deberían ser instruidos en Las Analectas confucianas y como regla general “no se debe permitir que ningún cristiano desempeñe cargos ejecutivos”. A Mussolini, el fondatore dell’Impero que había ya cambiado el gobierno burgués por “algo positivo, por una máquina útil”, le podría ser de enorme ayuda el aporte autoritario, centralista y práctico del confucianismo. Del judaísmo ni hablar, aunque podrían conservarse “unos cuantos judíos serios”. Confucio más Mussolini era la Océana ideal, que superaría el comunismo bolchevique y las plutocracias occidentales. Pound pensaba que el nacionalsocialismo estaba más cerca que el fascismo en los ideales confucianos de su estado. El final ignominioso de Pound es ya conocido. Hay algunas anécdotas que nos pintan qué lejos estaba en su adhesión al fascismo de la esquizofrenia. Un Pound entusiasmado contaba que a Mussolini, “que tiene sentido del tiempo”, le gustaba la música clásica por sobre la música ligera contemporánea (el jazz). El clasicismo revolucionario se encarnaba en una figura: il Duce. Y que il Fascio (como llamaba en su florido lenguaje a la dictadura fascista) era “un fenómeno interesante”, tras el cual “hay perspectiva histórica”. El “estado imperialista capitalista” (sic) no sólo tenía que ser juzgado en comparación con el fascismo desplegado o con las utopías sin realizar sino con las formas pasadas de sociedad. La época no era de pasividad, de espectadores sino de acción: en su entusiasmo reaccionario se puso a preparar un guión cinematográfico en 1932 sobre la historia del fascismo, enviándole un ejemplar a Mussolini con dedicatoria. Finalmente logró el encuentro más deseado: el 30 de enero de 1933 se entrevistó con il Duce en el Palazzo Venecia, presentándole al dictador una lista de propuestas sobre reformas monetarias, económicas y además, como confesó, vislumbrar la grandeza mental de Mussolini. Le regaló un draft de XXX Cantos, el dictador lo hojeó, leyó algunos poemas y le dijo que lo encontraba “divertente”. Pound consideró esa frase un comentario muy serio que indicaba que el gran hombre de estado en un instante había llegado al alma de su obra. Emocionado como Hegel cuando vio a Napoleón en Jena, Pound consideró el hecho como una prueba de la brillantez de Mussolini y el hecho que The Cantos sería una obra para Übermenschen, superhombres. Su impresión en yeso para esta época. Desde aquel día Pound no llamaba a Mussolini por su nombre, sino se refería a él como “Muss” o “The Boss” (como le llama en los primeros versos del canto 41). Era el “Artifex”, un genio sin medida. Eliot en “The Criterion” le publicó un artículo titulado “Asesinato por el Capital”, donde presenta a Mussolini como “el primer jefe de estado de los últimos tiempos en percibir y proclamar que la calidad era una dimensión de la producción nacional”. En Guía de la Cultura (1937), impresionado por ese encuentro (que será el último), Pound decía que “Mussolini, un gran hombre, demostrablemente en sus efectos sobre los acontecimientos, inadvertidamente en la rapidez mental, en la velocidad con que se expresa su verdadera emoción en su cara, de tal modo que únicamente un hombre retorcido podría malinterpretar lo que quiere decir y cuáles son sus intenciones básicas”. Y The Cantos tiene sus propios capítulos fascistas: los cantos LXII al LXXII, conocidos como The Adams Cantos. Quiso escribir un libro sobre il Duce que nunca pudo realizar. Cuando viajó por última vez a los Estados Unidos, en 1939, al descender del trasatlántico italiano Rex (por supuesto en una suite de 1ª clase, el "Rex" es el navío inmortalizado por Fellini en "Amarcord" ) declaró a la prensa que “Mussolini y Hitler han hecho más cosas por la paz que todas las democracias liberales”. Ya en esos momentos Hitler se había anexionado Austria y los Sudetes, Mussolini ya había conquistado con sangre Abisinia para su nuevo Imperium romano, y Pound apoyaba la operación colonialista: “Abisinia está mejor bajo el mandato de il Duce que de Negus (el emperador nativo)”. En tan sólo unos meses el IIIº Reich atacaría Polonia, estallando la Segunda Guerra Mundial. Pound utilizaba un papel de diseño propio para escribir, que tenía un dibujo de sí mismo diseñado por Wyndham Lewis y un motto fascista en el encabezado que decía: “La libertad es un deber, no un derecho”. A la vuelta a Rapallo desde los EE.UU. se desató la guerra. Pound ofreció sus servicios al gobierno italiano para montar una serie de emisiones radiales que llevaran a los americanos a apreciar y simpatizar con el fascismo. La primera emisión fue en enero de 1941. La idea general de Pound era que las guerras eran creadas por la codicia de los usureros (por supuesto siempre judíos) y los fabricantes de armamento. Cuando Japón atacó Pearl Harbor, obligando a los EE.UU. a declararle la guerra el Eje (diciembre de 1941), Pound decidió seguir emitiendo con su propio nombre y señaló que “Roosevelt está en manos de los judíos más de lo que el presidente Wilson lo estuvo en 1919”. El 26 de julio de 1943, una corte federal de los Estados Unidos acusó a Ezra Pound de adherir a los enemigos de los Estados Unidos. En otras palabras, traición. La pena iba desde 5 años de prisión y U$S 10.000, a la silla eléctrica o, mejor dicho, la horca.

La caída de los dioses

El 10 de julio de 1943, tropas británicas y estadounidenses desembarcan al sur-este de la isla de Sicilia y la ocupan en poco más de un mes. La invasión aliada de territorio italiano provoca que el 24 de julio se produzca un putsch palaciego, el rey de Italia Víctor Manuel IIII ordene la detención de Mussolini y nombre al mariscal Badoglio nuevo presidente del país. El gobierno de Badoglio se rindió a los aliados y los alemanes ocuparon toda Italia. Un comando liderado por Otto Skorzeny libera a Mussolini quién establece la Italia fascista en el norte, con capital en Milán. Se la conocerá como la Repubblica Sociale Italiana (RSI), pero su nombre popular será República de Saló, debido a que la residencia de il Duce estaba en Saló, pequeña ciudad en el lago Garda. Pound estaba en ese mes crucial de septiembre de 1943 en Roma. Un empleado del Minculpop (Ministerio de Cultura Popular fascista) recuerda haber visto a Pound deambulando por las desiertas oficinas, buscando los manuscritos de sus charlas radiales. Los días finales fueron un caos, con los fascistas huyendo hacia el norte. Pound también lo hizo, al mejor estilo de Céline: salió de Roma por la vía Salaria, cruzó el municipio de Fara Sabina y durmió bajo las estrellas. Tomo un tren abarrotado y medio a pie logró llegar al Tirol, zona segura. Toda esta experiencia de huída hacia Saló también aparecerán en The Cantos 77, 78 y 79. Se reincorporará al movimiento y pone todo su talento para sostener la república de opereta de un Mussolini ya quebrado. Compone canciones para las milicias fascistas, traduce y escribe panfletos, artículos, manifiestos y posters, todo ello en italiano. Los posters fueron impresos con máximas confucianas o slogans fascistas de la época reformados por Pound. Entre 1943 y 1945, fecha en la que es encarcelado, Pound imprimió seis obras en la República de Saló, incluido el testamento de Confucio. Es de notar la importancia que le otorgaba el régimen fascista en pleno racionamiento de papel y tinta. Escribió artículos en la revista propagandística oficial “Gladio”. Pound apoya sin dudas el fascismo de izquierda, una especie de vuelta a los orígenes de Mussolini, aportando ideas y proyectos culturales. Su foto y descripción habían sido distribuidas en el frente y lo buscaba no sólo el ejército, sino un fiscal general y el FBI. Cuando lo atraparon en Sant’ Ambrosio estaba traduciendo el Libro de Mencio, el seguidor más fiel de Confucio pero el más populista. Para vergüenza de su etnocentrismo, Pound se rindió en mayo de 1945 a una raza inferior: un soldado negro con una carabina que lo llevó bajo arresto a Lavagna. En una conversación con uno de los ministros de Saló, Pound le explicó la amalgama de fascismo y confucianismo, su valor para elevar la moral del combate: “The Value of Philosophy (or of a Philosophy) is that it Reinforces Courage. Confucius is the Staff to take in the Trenches”. (NGV)


viernes, 14 de octubre de 2011


Dedican homenaje al poeta Ricardo Quesada
en el II Festival de Poesía de Lima


Un sencillo homenaje al poeta peruano Ricardo Quesada, fallecido recientemente, le dedicó su amigo, el poeta Juan Carlos Lázaro, durante su participación en el II Festival de Poesía de Lima en la sesión del jueves 13 del corriente, realizado en la casa de la Literatura. Los asistentes al acto correspondieron con fuertes y prolongados aplausos.

Lázaro recordó a Quesada como alguien en quien los conceptos de amistad y fraternidad encarnaban en su más amplia medida, y cuya transparente alegría, perfilada siempre en una noble sonrisa, impedían atisbar el drama que se desarrollaba en su alma, sobre todo en los últimos meses de su existencia.

Pese a su constante labor en la poesía, Quesada no publicó ningún libro en vida. Fue así por una decisión personal, deliberada, una actitud ética en correspondencia con su concepto del arte y su misión en la comunidad. Sus poemas circulaban en hojas fotocopiadas que él mismo diseñaba y distribuía entre sus amigos.

Sin embargo, en nombre de la posteridad, sus amigos poetas reunirán esos poemas dispersos para organizarlos y publicarlos en un volumen, trascendió en el acto.

En la sesión del jueves 13 del Festival, realizado en la Casa de la Literatura, también participaron los poetas Rosina Valcárcel, José Luis Ayala, Armando Arteaga, Violeta Barrientos y José María Zárate. La parte musical estuvo a cargo del intérprete y compositor Piero Bustos.

El II Festival de Poesía de Lima, de carácter internacional, se inició el martes 11 y se prolongará hasta el sábado 15 de octubre en diferentes escenarios de la capital peruana. Participan poetas del Perú, España, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela, Ecuador y México.

jueves, 6 de octubre de 2011

El Premio Nobel de Literatura 2011 ha sido concedido a Tomas Tranströmer, poeta sueco nacido en 1931, porque "a través de sus imágenes condensadas, translúcidas, nos da un acceso nuevo a la realidad", según la Academia de Suecia. Al profesor Abraham Prudencio, de la Université Sorbonne Nouvelle, Paris III, se debe la siguiente semblanza sobre el poeta:

La realidad del mundo
según Tomás Tranströmer


"Tomas Tranströmer nació el 15 de abril de 1931 en Estocolmo y, como impulsado por una rara inquietud, empezó a escribir poesía desde muy temprana edad. a los 13 años ya estaba pergeñando lo que después sería su primer poemario (17 poemas). Desde esa época hasta la fecha no ha dejado la literatura por más que haya recibido golpes tan fuertes como el de 1990, fecha en que sufrió un ataque cerebral el cual afectó su capacidad de hablar pero no el de comunicarse. Su creatividad se ha visto consolidada tanto por su experiencia como por la reflexión. Su labor alterna tanto de traductor y sicólogo en centros penitenciarios y hospitalarios son dignos de elogio, lo cual le ha permitido conocer conciencias desconocidas, ayudándole a tener una idea más clara de la humanidad. La característica de su poesía radica en la fuerza y plasticidad de los enigmas. El lenguaje con que aborda sus grandes temas también es diferente en tanto que se apoya en la sencillez. Su poesía grafica y captura lo inasible. Hay una intención de tratar de entender el mundo. Temas como el dolor, el amor, el tiempo, la muerte, la ausencia son una constante en su poética. Su poesía sencilla y clara está compuesta tanto por un mensaje humanitario como por la maestría con la palabra. Otra de las cualidades extraordinarias en Tranströmer y que grafica la otra etapa de su literatura es el gran interés por los haikus, con esta forma poética la comunión ha llegado a su experiencia más alta. El lenguaje y sensibilidad van a la búsqueda de la compresión de la existencia. Gracias a sus importantes colaboraciones Tranströmer se ha convertido en uno de los poetas más importantes de la segunda mitad de siglo XX. Dentro de sus preferencias siente un profundo amor por la música, motivo por el cual recurre a este tema en su obra poética. Por sus trabajos iniciales trataron de vincularlo con el surrealismo; sin embargo, con el pasar del tiempo, ha logrado erigir una obra emblemática apartada de toda corriente."

ELEGÍA


            En el punto de partida. Como dragón caído
            en algún pantano entre neblina y vaho, está
            nuestra tierra costera vestida de bosque de pino. Allá lejos:
            dos vapores que gritan desde un sueño


            en la bruma. Este es el mundo inferior.
            Bosque inmóvil, superficie de agua inmóvil,
            y la mano de orquídeas que surge del pantano.
            Al otro lado, más allá de esta senda,


            pero flotando en el mismo espejeo: el navío,
            que la nube ingrávida cuelga de su espacio.
            Y el agua en torno a su cayado está inmóvil,
            echada en calma. ¡Y aun así, truena!


            Y el humo del navío se expande horizontal
            —allí flamea el sol en su agarrón— y el soplo
            golpea duro el rostro del que aborda.
            Ascender hacia babor de la Muerte.


            Una ráfaga súbita y la cortina ondea.
            Suena el silencio cual despertador.
            Una ráfaga súbita y la cortina ondea.
           Hasta que se oye, lejana, golpear una puerta


            lejos, en otro año.


(Traducción de R. Mascaró)